Los frutos de Wert

Noticias - ¿Qué te pasa en el ojo?

www.nosolomerida.es | Opinión | Sara Ávila | Hace un par de años fui de compras con muchas ganas y con mucho tacón en los zapatos. No tenía prisa, pero aún así no caminaba precisamente despacio, y eso mezclado con un encontronazo con una rejilla en el suelo hizo que el tacón se me enganchase y mi tobillo se rompiera como un palo seco. Me caí al suelo, e intentando aguantarme las lágrimas pedí ayuda a la primera persona que pasaba por mi lado, una mujer elegante y sofisticada, que lo único que hizo fue mirarme con desprecio y seguir su camino. Volví a probar suerte con  un hombre desgarbado, pero  con aspecto de señor. Le conté que me había pasado y mientras, él me miraba atentamente sin perderse detalle. Cuando acabé me hizo una señal con la mano en su oído. Era sordo. Aún así me ayudó a levantarme y a sentarme en un banco. Desde ahí pude llamar a una ambulancia y todo quedo en una anécdota… y 1 mes de escayola.

Pero no hace ni un mes me encontré a esa mujer recogiendo la fruta que se le había caído al suelo  y gritando a viva voz que éramos unos sinvergüenzas que no ayudábamos a una señora. No me podía creer las vueltas que da la vida, y sobre todo las casualidades de esta.

Había olvidado esa historia hasta que hace unos días vino un ‘señor  elegante’ (por lo menos llevaba traje) a la ciudad a la que estudio.  Me recordaba a esa mujer  que sólo sabía hablar y no escuchar, que exigía pero cuando tuvo la oportunidad no dio nada a cambio, que creía que por ser mayor tenía el derecho de ser ayudada pero no ayudar, cuando lo que debería de haber hecho fue dar ejemplo.

Yo conocía perfectamente a ese ‘señor elegante’, que vino exigiendo respeto y comprensión después de no sólo dejarnos tirados en el suelo, sino que fue él quién nos empujó.

Mire, señor ‘Wert’, yo podría ayudarle a recoger la fruta, yo podría haber escuchado sus sandeces y sus excusas  para privarme de mi futuro a mí y a mis compañeros, pero no lo he hecho. Y no ha sido por falta de educación o de respeto hacia usted y, por supuesto, no por venganza. Lo he hecho para que se dé cuenta que no somos los vasallos de un feudo liderado por usted, y que aunque quiera y pueda en muchas ocasiones extorsionarnos, vamos a seguir luchando. Porque yo me merezco respeto cómo todo el mundo, pobres y ricos. Porque nos merecemos una educación de verdad, pública y de calidad.

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