A mí sí me gustan las fiestas de Navidad

Opinión - Paqui Chaves Sánchez

www.nosolomerida.es | Opinión | Paqui Chaves Sánchez | Acababa de cumplir doce años cuando mi padre decidió que ese sería el último año en que tendría regalo de reyes, ya era muy mayor para seguir recibiéndolos según él. Como algo especial me llevó el día 5 de enero por la noche, porque en mi casa se acostumbraba a comprar los regalos ese día y a la última hora en que las tiendas estaban abiertas, a Doblas y me regaló una pulsera de oro, que ya me dejé puesta. De nada sirvieron las protestas de quienes allí trabajaban, amigos todos de mis padres, por la forma de hacerlo porque él ya había decidido.

Pasaron muchos años hasta que alguien me volvió a regalar algo por reyes, pero en todo ese tiempo a mí las fiestas de Navidad me siguieron gustando igual. Disfrutaba viendo la cara de mis hermanas y hermanos más pequeños cuando llegaba la mañana de reyes y ese día era el colofón a unas fechas que siempre me producían alegría cuando se acercaban. No era, por tanto, el interés de recibir regalos lo que me gustaba de la Navidad.

Tampoco era el sentimiento religioso que rodea todas estas fechas. Nunca en mi vida he ido a la misa del gallo ni ninguna otra celebración religiosa más allá de las que se hacían en el colegio antes de darnos las vacaciones. Por mi edad es fácil entender que, aunque mi padre se confesaba ateo y mi madre “no practicante”, fui educada en la religión católica, como correspondía al régimen que nos gobernaba. Además de las clases de religión, en el instituto nos obligaron a aprendernos la misa en latín. Un día a la semana, a las dos menos cinco del mediodía, a punto de finalizar las clases para irnos a comer y volver a las tres y media, llegaba don Juan y nos hacía repetir con él toda la misa en latín hasta que nos la aprendimos entera. Hay que tener en cuenta que nosotras aún no habíamos estudiado latín porque eso era un curso después. Y cada lunes, sin faltar, cuando menos lo esperábamos, algún profesor nos preguntaba, llamándonos por nuestro nombre, de qué color había sido la casulla del cura aquel domingo, para comprobar si habíamos ido a misa o no.

Más tarde, ya en el colegio Nuestra Señora de Covadonga, nos llevaban todos los días a misa después de las clases vespertinas y las horas de estudio que les seguían. Los chicos venían en fila desde su colegio, frente a la actual Asamblea de Extremadura, y las chicas lo hacíamos desde el nuestro, junto al Arco de Trajano, hasta la iglesia de las monjas encerradas. Algunas de nosotras cantábamos en el coro y ensayábamos con las monjas dos o tres veces por semana. Pero ni toda esta formación religiosa ni siquiera las creencias que me acompañaron durante bastantes años después me hicieron pensar que la Navidad celebraba el nacimiento de Jesús y alegrarme por ello.

Para mí la Navidad ha sido siempre la alegría en las calles; esos buenos deseos que una vez y otra se transmiten a las gentes conocidas y amistades cuando te las encuentras en la calle y te paras a charlar, al entrar y salir de una tienda, en el trabajo….Es como una reacción en cadena que va generando alrededor nuestro un halo de bienestar, paz y esperanza.

Y en Mérida estos buenos deseos y las relaciones personales se han seguido manteniendo a lo largo del tiempo. Decía mi amiga María de Elena que lo que más le había sorprendido cuando llegó aquí, después de recorrer más de medio mundo y vivir mucho tiempo en Madrid, era la costumbre de ir a tomar café a casa de los amigos a media tarde, acompañado de los polvorones y la copita de anís en navidades. Le sorprendía y le gustaba, disfrutaba de ella de la misma manera que lo hacía cuando nos invitaba a una fondue en su casa, era eso que ahora les gusta llamar “socializar” y que siempre han sido las relaciones personales con los familiares y amistades, ese paréntesis en medio de la pelea diaria por la vida, dejar los problemas a un lado durante unos momentos o unos días para relajarnos y recuperar fuerzas, renovar la esperanza, esa que cada uno de nosotros tiene puesta en lo que más queremos o necesitamos.

No soy tan ilusa como para creer que estos buenos sentimientos y deseos van a terminar con tanto dolor, problemas y necesidades. Ni siquiera en estas fechas se para el genocidio de Siria, los feminicidios, el hambre, el terror, tantas muertes absurdas. Algunos de los sucesos más dolorosos que ha habido en mi familia han ocurrido en navidades y ya no se sientan a la mesa estos días muchas de las personas con las que he vivido pero no necesito que lleguen las fiestas para echarlas de menos, las recuerdo cada día y seguimos compartiendo anécdotas de ellas también en navidad.

Las navidades siguen siendo para mí, hoy como siempre, tiempo de amistad, de paz y de esperanza, un respiro en la lucha de cada día por superar los problemas, una época en la que los buenos deseos se renuevan, seguir creyendo que otro mundo es posible y que alguien que está cerca de nosotros y comparte estos sentimientos quizás sea la persona que lo va a conseguir.

Os deseo que vosotros también seáis felices, que disfrutéis las navidades y que podáis compartirlas con todas las personas que queréis. Felices Fiestas.

 

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