¿Y ahora qué?

Opinión - Paqui Chaves Sánchez

www.nosolomerida.es | Opinión | Paqui Chaves Sánchez | Atravesábamos Madrid camino del hospital para las revisiones médicas. La radio del automóvil desgranaba las detenciones de Ignacio González y sus compañeros de presuntos delitos. Confieso que no estaba sorprendida. Asqueada sí, cabreada (permitidme la expresión) sí, pero sorprendida no porque llevo mucho tiempo diciendo que la corrupción está generalizada en España desde hace años, que ha sido una manera de funcionar establecida y admitida en muchos ayuntamientos, comunidades y empresas del país. La confirmación a lo que estoy escribiendo la acaba de facilitar el propio Rajoy en el proyecto de presupuestos para 2017. Con la que está cayendo por la corrupción dentro de su partido no ha tenido ningún empacho en colar en las bases de ejecución una norma para que los ayuntamientos no puedan desprivatizar los servicios públicos que están gestionando esas empresas, ligadas de una u otra forma a las investigaciones que se están desarrollando sobre financiación irregular del PP. Las protege con rango de ley, amparando de esa manera la forma de actuar que ha propiciado el enriquecimiento ilícito de tantos políticos y familiares como están pasando por los Juzgados y la cárcel.

Impidiendo que los trabajadores de las concesionarias puedan reincorporarse como trabajadores públicos los ayuntamientos tendrán muy difícil o imposible hacerse cargo de esos servicios y se protegen así los intereses de las empresas frente a los de la ciudadanía, evitando de paso que alguna de ellas se enfade y tire de la manta respecto de las comisiones y donaciones que han tenido que realizar para que se les adjudicaran esos servicios.

George Orwell dice en su novela “1984” que a lo largo de la historia ha habido en el mundo tres clases de personas: las de clase alta, las de clase media y las de clase baja, una estructura que no se ha modificado nunca. Los objetivos de estos tres grupos son totalmente irreconciliables. El de la clase alta consiste en continuar donde está, ostentando el poder y el dinero. La clase media pretende quitarle el sitio a la clase alta. El objetivo de la clase baja, cuando lo tiene, es abolir todas las diferencias y crear una sociedad en la que todas las personas sean iguales.

En España, la crisis ha sido la excusa perfecta para que los ricos sean cada vez más ricos, ya hemos comprobado como las grandes fortunas se han incrementado en estos años. La clase media, decidida a hacerse con el poder, vio en la política el trampolín perfecto para sus intereses y, ansiando ascender de categoría, fue ocupando y parasitando todas las instituciones. El dinero público estaba ahí, solo tenían que idear la trama perfecta para que fuera a sus bolsillos. Y la red se empezó a tejer. En nombre del interés de España y de los españoles un partido político aglutinó la inmensa mayoría de corrupción posible, mientras la clase baja se hundía en la miseria olvidada y abandonada.

Decía un familiar muy notorio de un político entonces en el gobierno de Mérida que había que llevarse muy bien con las juezas porque así, cuando llegara alguna denuncia contra ellos al Juzgado, la mirarían con buenos ojos. No pretendo decir que aquellas juezas fueran conscientes de que estaban contribuyendo a la corrupción pero lo cierto es que casi todas las denuncias que se les ponían acababan siendo archivadas, mientras las que ellos ponían a los demás se tramitaban sin ningún problema.

De polvos como esos han venido estos lodos. Nada les pasaba a los que se enriquecían aceleradamente, eran intocables. La impunidad ha sido total. Y al rico pastel dos mil moscas acudieron. Ciertamente no es el único partido, pero las presuntas corrupciones del PP son tantas y ocupan tantas instituciones que produce nauseas comprobar que aún siguen aferrados a sus poltronas, pavoneándose de no sé qué logros económicos y perpetuando una manera de hacer política que nos avergüenza a la ciudadanía.   

¿Y ahora qué? ¿Cuáles son las opciones políticas que nos quedan? Tenemos al PP enfangado en la mierda; al PSOE dividido, peleándose entre ellos, perdido el norte de su proyecto; Podemos ocupado con las purgas y paseando en autobús por el país; y Ciudadanos nadando entre la mierda y procurando guardar su ropa, demasiado salpicada para que le guste a nadie.

La situación es tan grave que se requiere de políticos con grandeza de miras e inteligencia para limpiar las instituciones y ocuparse de los intereses de la ciudadanía de verdad, sin falsos eslóganes ni más mentiras. Ya no podemos aguantar más. Es de vergüenza.  



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