Muertas por ser mujeres

Opinión - Paqui Chaves Sánchez

www.nosolomerida.es | Opinión | Paqui Chaves Sánchez | Tres mujeres muertas en veinticuatro horas. Asesinadas por los machistas que eran sus parejas o pretendían serlo. Sus delitos: ser mujeres.

Tres mujeres que se unen a la estadística macabra de la violencia de género sin que se pueda poner coto a esta sangría. Treinta mujeres asesinadas en lo que va de año, camino del millar desde que se tienen datos. Y algo estaremos haciendo mal cuando cada año aumenta el número como si se tratara de batir un record.

La ley orgánica de medidas de protección integral de violencia de género es de 2004, hace más de doce años que se publicó y los resultados están lejos de lo esperado. No bastan las leyes. Son importantes y necesarias, pero se precisan muchas más cosas para conseguir que ser mujer no sea una sentencia de muerte para algunas de nosotras.

Denunciar al agresor es importante, pero cinco de estas treinta mujeres habían denunciado y eso no les ha librado de la muerte. Cuando las órdenes de alejamiento se incumplen, cuando la protección a la que estas mujeres tienen derecho es muy reducida por falta de personal, si no hay barreras que impidan al machista agresor cumplir sus amenazas de muerte ¿tenemos derecho a exigirles que se aguanten sus miedos, que se enfrenten a ellos y denuncien?

Faltan medios económicos para hacer cumplir las leyes, el presupuesto destinado a combatir la violencia de género se ha ido reduciendo en los últimos años de manera drástica. Se necesitan muchos más policías para la protección, más Juzgados especializados, más centros de acogida, y les echamos la culpa a las mujeres que han muerto por no haber denunciado. Las víctimas de violencia de género están emocionalmente rotas, tienen la autoestima por los suelos, están aisladas, dependen en muchas ocasiones económicamente de su agresor, y eso hace que decidan aguantar sin denunciar. Necesitan ayuda pero, sobre todo, necesitan que no las culpemos de lo que les sucede, que la sociedad identifique a los verdaderos agresores, que no les justifique. Necesitan que las acompañemos. Precisamos medidas políticas y también compromiso social y educativo.

Hacen falta muchos más medios pero será muy difícil aislar a los machistas, acabar con los malos tratos y la violencia de género si no avanzamos en la igualdad. Las mujeres no somos propiedad de nadie, no somos seres inferiores a quienes se puede avasallar impunemente ni a las que hay que tutelar, somos personas con los mismos derechos que los hombres. Y también es responsabilidad de toda la sociedad hacérselo entender, a quienes no quieren saberlo. Hace un par de días, la organización del torneo de tenis Roland Garros ha expulsado a uno de los tenistas por haber acosado a una periodista, todos hemos podido verlo en televisión. También pudimos ver cómo los compañeros de ella se reían por la escena y, que sepamos, la cadena no le ha pedido disculpas por ello.

Algunas vueltas ciclistas han decidido acabar con las azafatas de final de etapa, que solo servían para dar besos y hacerse fotos con el ganador, dando a la entrega de trofeos el perfil protocolario y de reconocimiento del esfuerzo que el trabajo realizado merece. El debate está también en las carreras de motos, en ocasiones con las propias mujeres azafatas en contra, mientras otras muchas luchan por poder competir en igualdad de oportunidades con ellos, y es que el machismo no es solo potestativo de los varones. Igualdad y oportunidad.

Y algo estaremos haciendo muy mal cuando cada vez son más jóvenes las mujeres muertas a manos de sus parejas, también más jóvenes. Decía el filósofo francés Mounier que “Educar no es hacer sino despertar personas y una persona se suscita por innovación, no se fabrica por domesticación” Los colegios, los institutos son los lugares donde esas personas se están formando, muchas de ellas también víctimas de violencia familiar y conviviendo con maltratadores. Ahí es donde se ha ido perdiendo el trabajo que apenas se había iniciado. Mucho discutir y aprobar nuevas leyes educativas pero muy poco o nada es lo que se ha hecho en estos años por incluir en los currículos el respeto a la igualdad y el derecho a las mismas oportunidades. Los centros educativos se han convertido en lugares para impartir instrucción, aprobar materias y competir por las notas más altas, dejando a la voluntariedad del profesorado el desarrollo de la personalidad.

Es cierto que la educación es responsabilidad de la familia, pero no solo de ella. Además ¿qué pasa con esas criaturas que tienen familias con problemas? Se acabó el tiempo de mirar para otro lado y de poner excusas, si el profesorado necesita formación para trabajar estos temas (y yo creo que sí) pues a formarse toca, porque se trata de despertar personas que convivan y respeten a otras personas.

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