¿POR QUÉ NO ESTÁ TENIENDO ÉXITO LA LEY INTEGRAL CONTRA LA VIOLENCIA DE 'GÉNERO'?

Opinión - Carlos A. Caldito

OPINIÓN | Nos educan para vivir en pareja (mejor dicho: nos inculcan que "lo mejor es vivir en pareja"); toda la gente acaba imaginando de forma más o menos realista cómo será ese momento de vivir 'a dos', que se supone que será de dicha, de felicidad... Todos pensamos que ese es el estado perfecto: lo mejor para ser feliz es 'encontrar la mujer de mi vida, el hombre de mi vida', envejecer juntos, "hasta que la muerte nos separe"... El problema es que esa aspiración bastante común no es cierta: es una de las muchas falsedades que nos inculcan y que acaba frustrando a muchísima gente, causando profundas infelicidades, tragedias personales y de grupo. Tal vez sea necesario incluir con urgencia en el currículo escolar una asignatura de educaciíon relacional-afectivo-sentimental: posiblemente se acabarían muchas rupturas tormentosas, impregnadas de rencor, de sensación de fracaso y cosas por el estilo. La tendencia general es a considerar un fracaso el que una pareja no funcione pero, por supuesto, nadie suele arrogarse responsabilidad alguna en tal 'fracaso': siempre la 'culpa' es del otro o de la otra. De considerar así las cosas a pensar que es legítimo 'castigar' a la otra persona hay una distancia muy corta. Otra cuestión, no menos importante, que condiciona especialmente las rupturas de pareja es la tendencia a prolongar la relación 'innecesariamente', darse enésimas oportunidades para 'salvar' la pareja, cuando desgraciadamente la relación está tan deteriorada que ya no cabe remedio de ningún tipo. Sirva este comentario -necesario- como preámbulo al asunto que pretendo abordar: la llamada 'Ley integral contra la violencia de género' (LIVG) y las causas de su fracaso.

Ha pasado ya más de un lustro desde su aprobación y las cifras de mujeres asesinadas siguen siendo semejantes a las que se decía que se pretendía poner freno con la aprobación de la LIVG -por supuesto, también las cifras de varones, de niños, de ancainos, siguen en un 'tono' muy semejante-.

¿Qué está fallando?

No cabe duda de que la ley no está funcionando. Tras varios años de aplicación, la cifra de muertes de mujeres en el tiempo transcurrido se sigue manteniendo en el mismo tono que las de los años 1999, 2001, 2002, 2003 y 2004 (no se olvide que la perversa ley entró en vigor el día de los 'Santos Inocentes' de 2004); en 2005, 2006, 2007, 2008, 2009 y lo que llevamos de 2010, apenas ha variado el número de mujeres y hombres muertos en el ámbito doméstico respecto de los años anteriores.

Es importante señalar que la frase tantas veces repetida de "no para de aumentar el número de mujeres muertas" y cosas por el estilo (amplificada hasta la saciedad por los diversos medios de comunicación) es una absoluta falsedad pues, como demuestran las estadñisticas del Ministerio del Interior, el número de mujeres y hombres muertos en el ámbito familiar se mantiene, más o menos, estable.

La ley está fracasando por la sencilla razón de que está diseñada desde la ideología o perspectiva de género y no desde la interpretación de la realidad. La Ley integral contra la violencia de género es un homenaje a tal doctrina (que no son pocos los que la consideran totalitaria), cuyos efectos resultan negativos no solamente por su escasa eficacia sino porque ha judicializado penalmente las relaciones de pareja.

La perspectiva de género, una doctrina totalitaria

La perspectiva de género es una doctrina que pretende ser 'total' (pretende una respuesta 'global' a la totalidad de la problemática del ser humano), como ocurre con el marxismo, en cuyas fuentes bebe, sin lugar a dudas.

Según la interpretación de la ideología de género, la sociedad actual está fundamentada en el matrimonio y la familia, en la que existe una determinada división de roles; es intrínsecamente perversa porque está sujeta a los dictados de una 'clase' dominante: los varones; la familia es un ámbito donde se educa de manera que se facilita la violencia contra la mujer.

La teoría en la que se inspira la fracasada ley es que la violencia contra la mujer, los feminicidios, es la respuesta del 'macho dominante' a los deseos de emancipación y libertad de la mujer. El varón apegado a formas de conducta ya periclitadas, el varón educado en la familia y la religión judeocristianas, en el patriarcado, niega la autonomía de su pareja y, a partir de un determinado límite, resuelve el confilcto matándola.

Naturalmente, dado que es una ideología bastante chapucera, no existen datos que corroboren o apoyen tales hipótesis. Todo lo contrario.

Si la hipótesis de la 'perspectiva de género' fuera verdad, la violencia y, sobre todo, los asesinatos, se darían en mayor medida en las personas educadas de forma más tradicional que en las personas jóvenes. Sin embargo, la tozuda realidad demuestra que las cosas no son así: la inmensa mayoría de homicidas son menores de 40 años, y el 20 por ciento, menores de 30. Los homicidas mayores de 50 años, el grupo en teoría más peligroso por su supuesto 'patriarcalismo', apenas representa el 40 por ciento de los casos.

Si la teoría fuera cierta, las personas con mentalidad tradicional deberían cometer más homicidios que las más 'liberales' o 'progres'. Pero no es así. Las personas unidas por matrimonio religioso presentan una menor tendencia al homicidio que las unidas por matrimonio civil; y, a su vez, estas, muchísimo menos que las que viven como pareja de hecho. Casualmente, las estadísticas demuestran que existen diez veces más posibilidades de homicidio en una relación de pareja de hecho.

Si las afirmaciones de la perspectiva de género que inspiran la ley fueran ciertas, los países 'más liberales', con una mayor tradición de emancipación de la mujer, como los países nórdicos y anglosajones, deberían poseer una incidencia mucho menor que los países de raíz tradicional y católica, como Portugal, España, Italia, Grecia (ortodoxa), incluso Irlanda. Pero no es así, sino todo lo contrario. Suecia tiene el dudoso honor de liderar el ránking, junto con Gran Bretaña y los países del norte de Europa, mientras que la cola corresponde precisamente a los países mediterráneos e Irlanda.

El tópico estereotipo de un presunto 'macho violento' de pelo en pecho, color cetrino y mirada cejijunta frente a un rosado nórdico, de ojos azules y actitudes liberales, es falso: el nórdico, estadísticamente, presenta una mayor tasa de feminicidios; y no solo esto, sino también de violaciones.

La ley falla porque no ve que el origen de la violencia intrafamiliar está en la ruptura de pareja

Existen tres factores -que, amenudo, se olvidan- que guardan una íntima relación con los feminicidios: uno ya ha sido señalado, las parejas de hecho; el segundo es la inmigración desestructurada, sin familia -que no la inmigración a secas-; y el tercero son los procesos de ruptura de pareja.

Pero en realidad estos tres factores se pueden resumir en uno solo: el que ya hemos nombrado de las rupturas, porque la inmigración desestructurada suele derivar en parejas de hecho y estas presentan un grado de inestabilidad, de ruptura, por consiguiente, muchísimo más elevado que los matrimonios. De ahí, también, que el aumento del número de divorcios tienda a presionar al alza el número de homicidios.

Pero la ley no quería abordar en profundidad el asunto porque resulta social y políticamente incorrecto señalar la ruptura como el factor de riesgo, porque lo importante era criminalizar al hombre-varón, y no buscar la causa real de por qué en unos casos concretos la violencia estalla, mientras que en la mayoría no. Para la ideología de género es necesario que la violencia contra la mujer sea inherente al sistema y el feminicidio su corolario.

Y, ¿qué hacer ante semejante panorama, por cierto, nada halagüeño? Pues, sencillamente, 'más mediación familiar y menos policías'.

Es tan obvio que la ex juez decana de Barcelona, María Sanahuja, en la actualidad magistrada de la Audiencia Provincial de Barcelona, miembro de la Asociación 'Progresista' de Jueces para la Democracia y feminista militante, ha afirmado de manera reiterada que "la única alternativa a esta ley es poner en marcha los mecanismos que permitan la mediación entre las parejas, lo que supone una revisión en profundidad de la norma, ya que el texto legal prohíbe de manera clara esta fórmula". La juez apunta con precisión a la raíz del problema: evitar o atenuar la ruptura mediante la conciliación. Esta sí es una buena vía, pero hay que reparar en el detalle: la ideología de la ley lo prohíbe. María Sanahuja critica muchos más aspectos que deberían ser tenidos en cuenta porque inciden sobre puntos de la normativa vigente que han sido denunciados desde otras perspectivas jurídicas. Uno de ellos es el desequilibrio que se produce cuando, ante un mismo hecho, la pena es distinta si el autor es hombre o mujer. Y la diferencia no es poca: si es mujer, determinados supuestos de 'ilícitos penales' serán una falta; pero, si es hombre, podrán ser un delito con una pena incluso superior a dos años, con lo que deberá ingresar en prisión. La juez afirma que "no solo estamos provocando problemas con las órdenes de protección a las mujeres, estamos también haciendo millares de detenciones para nada. Con la reforma del Código Penal hemos convertido en delincuentes a la inmensa mayoría de maridos y parejas, como consecuencia de las tensiones que se producen en los momentos más conflictivos de las separaciones y divorcios".

La ex juez decana de Barcelona propone, incluso, suprimir los juzgados de violencia de género y devolver al ámbito de la jurisdicción civil y penal este tipo de conflictos, tal como estaba antes. Además, considera que "las órdenes de protección a las mujeres están paralizabdo a la Policía".

Pero en lo que más insiste es en la mediación familiar, que recuerda que funciona hace más de 10 años en Europa y 25 en Estados Unidos, con índices de acuerdo que llegan a ser casi del 80%. Por esto, afirma: "Cualquier solución que trate de resolver el problema de la violencia sin mediación está abocada al fracaso; con esta ley hemos creado en los juzgados y en la Policía unos problemas que no teniamos"; y pide que se restablezca el sentido común en la redacción y aplicación de las leyes. Más claro, imposible.

Esta ley no solo no protege a la mujer sino que provoca situaciones de mayor violencia, desorganiza el sistema judicial y policial, y judicializa las relaciones entre las parejas. Hombres y mujeres concretos son los perjudicados, una situación que se acentúa por la insólita ley española del divorcio al establecer su aplicación sin separación previa, sin ningún tipo de mediación y por solicitud unilateral de uno de los cónyuges, que acostumbra a ir seguida de una denuncia en muchas ocasiones para obtener ventajas.

El Gobierno de Rodríguez Zapatero, y su peligrosa ideología sobre el hombre, la mujer y el matrimonio, nos ha metido con sus leyes en una situación delirante.

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