Tres en uno

FESTIVAL DE TEATRO CLÁSICO DE MÉRIDA - Tiresias

www.nosolomerida.es | Festival de Mérida | El mejor lubricante que ha encontrado la organización del Festival de Mérida para adentrarse en la nueva (a)normalidad pospandemia ha sido un heterogéneo tres en uno, formado por sendos conciertos sinfónicos más la proyección de un largometraje documental. No es la primera vez que los mandamases de turno del certamen —de hogaño y de antaño— echan mano de la heterodoxia para prologar, epilogar o completar una programación que se vende como teatro clásico pero que cada vez lo es menos. Sin ir más lejos, la actual dirección ya metió con calzador un concierto de Ara Malikian en 2016 y otro de Arcángel con Las Nuevas Voces Búlgaras en 2017. Y mucho antes, los sucesivos directores que en el festival han sido, habían perpetrado similares aberraciones programáticas, como la recurrente inclusión de danza contemporánea, ópera posmoderna, espectáculos híbridos y galas sin pies ni cabeza.

https://www.festivaldemerida.es/wp-content/uploads/2021/06/concierto-grupo-ciudades-patrimonio-de-la-humanidad-13-900x600.jpgPara más inri, se da la paradoja de que, las más de las veces, esas extravagancias se han erigido como muestras de un altísimo nivel artístico, superando casi siempre al grueso de la ortodoxa programación grecolatina —un hecho que es para hacérselo mirar—. Pero, aun así, el cronista no termina de cogerle el punto a semejantes caprichos, aunque no se le escapa que, de ordinario, obedecen a compromisos e imposiciones de instancias superiores —entiéndase, políticas y económicas—.

Como quiera que sea, la 67ª edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida arrancó con un magnífico concierto a cargo de la Orquesta Sinfónica Freixenet de la Escuela Superior de Música Reina Sofía, que contó con la presencia en el palco de autoridades de nuestra sufrida exconsorte, presidenta de Honor de la institución. Bajo la batuta de Jordi Francés, la formación escogió para la ocasión un romantiquísimo programa doble integrado por el ‘Concierto para violín, violonchelo y orquesta en la menor, Op. 102’ de Johannes Brahms, en el que lucieron como solistas Eva Rabchevska (violín) y Willard Carter (violonchelo), y la ‘Sinfonía núm. 4 en en re menor, Op. 120’ de su maestro Robert Schumann, cerrando su actuación con un bis que revisitaba a Brahms por medio de la popularísima quinta de sus ‘Danzas húngaras’.

https://www.festivaldemerida.es/wp-content/uploads/2021/06/fotos-del-concierto-from-bach-to-radiohead-16-900x600.jpgAl día siguiente, se redobló la apuesta sinfónica con la programación del espectáculo ‘From Bach to Radiohead’, una idea desarrollada por los guitarristas Juan Francisco Padilla y Rubén Rubio y vendida y cacareada por el tenor José Manuel Zapata, que lleva ya varios meses girando con distintos anfitriones —la Orquesta Nacional de España, entre otros— y que, para la ocasión, contó con la interpretación de la Orquesta de Extremadura. Una audaz y desprejuiciada propuesta liderada por Michael Thomas —miembro fundador del Brodsky Quartet—, que lleva al terreno de la música clásica piezas contemporáneas de Iron Maiden, Björk, Paco de Lucía o Radiohead.

Sin solución de continuidad, una jornada más tarde se proyectó el documental ‘Bienvenidos a España’, un simpático y humanista proyecto del director Juan Antonio Moreno, que retrata con naturalidad el choque cultural que sufren los refugiados que llegan a nuestro país huyendo de los más variopintos conflictos sufridos en sus lugares de origen.

Resumiendo, el Festival de Mérida ha levantado el telón con tres propuestas (mucho) más que decentes, cuya inclusión en la programación oficial del Teatro Romano se nos antoja cogida por los pelos, síntoma de los tiempos que nos ha tocado vivir. ¡Qué maravilla! ¡Qué sinsentido!

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